¿Quiénes son los no-dignados?
Aquellos que han perdido, de facto, sus derechos básicos y, en consecuencia, su fe en el Estado de Derecho.
Hay grados en la naturaleza de esta estirpe que explosionó ahora hace un año. Los hay, que manteniendo condiciones dignas de vida, se sienten sometidos a un poder algo difuso que los vapulea a su antojo, modificando las leyes ad hoc para imponerse con legalidad –que no con legitimidad- Los hay que ni tienen trabajo ni perspectiva de encontrarlo, viéndose de esta forma abocados al desahucio social. Los hay que, por no tener, no tienen ni papeles ni asistencia sanitaria básica –reconocer el gesto encomiable de aquellas comunidades autonómicas que se han negado a retirar este servicio a las personas-
Parece ser que la indignación no es un estado al que uno se suma, sino un estado al que otros te condenan. Por eso los no-dignados son las víctimas de un sistema corrupto. A parte de las discrepancias que uno pueda expresar respecto del sistema capitalista, cabe explicitar y reconocer que tal vez la crisis es antes resultado de la corrupción de los que han ostentado de una forma u otra el poder que del propio sistema –sin negar lo que este pueda tener de injusto- Cuando la corrupción de los resortes de la economía se generaliza, cuando todos roban si pueden el agujero y el desequilibrio económico es inevitable. Constatamos el hecho de que el acto de ejercer el poder egoístamente, sin tener en cuenta el bien común, parece ser la consigna implícita. La impunidad con la que además los que roban ejerciendo el poder cuentan, desarma por completo la esperanza de cualquier no-dignado. Más cuando la reacción del Estado es imponer –nuevamente modificando leyes- la voluntad del sistema corrupto por la fuerza, convirtiendo a las fuerzas de seguridad ciudadana, en instrumentos de represión y dominación del ciudadano.
Un año después de la primavera que renovó la esperanza, la impotencia es la música de fondo. Un sonido atenazador que amenaza con resquebrajar los intentos de movilización social.
Quien hace política pacta con los poderes diabólicos que acechan a todo poder.
» Max Weber